Tema obligado de este inicio de semana en la Bitácora
Veracruzana, es el lamentable fallecimiento del doctor Roberto Bravo Garzón, ex
rector de la Universidad Veracruzana, ex Secretario de Educación y un destacado
intelectual que llevó a nuestra Máxima Casa de Estudios, hasta niveles que aún
hoy en día no han podido ser cuando menos emulados, menos igualados.
Su lamentable fallecimiento, tomó por sorpresa a la llamada
clase política y universitaria, lo cual no puede servir de justificación, para
que hayan estado ausentes en el homenaje de cuerpo presente que se rindió el
pasado sábado en la sala del Teatro del Estado, en donde brillaron por su
ausencia, quienes debieron de encabezar el reconocimiento, el gobernador del
estado, Javier Duarte de Ochoa –quien posiblemente ignore la dimensión de la
figura del ex rector- motivo por el cual no asistió y envió en su lugar a un
representante.
El otro gran ausente, fue el hasta ahora rector de la
Universidad Veracruzana, Raúl Arias Lobillo, quien para no variar, se
encontraba en el extranjero, donde suele pasar la mayor parte del tiempo,
disfrutando del presupuesto de la Casa de Cultura, porque con recursos propios
seguramente no viviría viajando permanentemente.
Pero como quien manda en Veracruz y no debiera permitirlo se
declara “respetuoso de la autonomía universitaria” en su nombre se cometen esos
abusos en el gasto del presupuesto, sin que nadie pueda pararlos.
Por lo que usted guste y quiera justificar, el caso es que el
Rector de la Universidad Veracruzana –quien por cierto debiera estar pendiente
del proceso de selección de los jóvenes a la Alma Mater que este fin de semana
presentaron su examen- estaba en el extranjero, administrando la institución
vía correo electrónico.
Lo cierto es que el sábado la sala del teatro del estado
lució vacía, entonces uno tiene que preguntarse, en donde estaban todos esos
funcionarios, académicos, artistas e
investigadores de la Universidad Veracruzana que fueron beneficiados por el ex
rector Bravo Garzón.
En donde estaban todos y todas las que en su momento
presumían de ser identificados como la “gente” de Bravo Garzón y que fueron
favorecidos en su oportunidad con plazas y cargos públicos, muy bien remunerados,
por cierto.
No vamos a repetir todos los motivos por los cuales Roberto
Bravo Garzón ha sido considerado ya como el mayor impulsor de la Universidad Veracruzana,
en todos sus ámbitos, académicos, de investigación, culturales, artísticos y
hasta sindicales.
Qué lástima, que al parecer, las actuales autoridades
estatales y universitarias, no hayan podido valorar en toda su dimensión, la
importancia y aportaciones que llevó a cabo Roberto Bravo Garzón en beneficio
no solo de la Máxima Casa de Cultura, sino en general de todos los
veracruzanos, que hemos tenido la oportunidad de pasar por sus aulas.
Vaya, hasta con el tamaño –pequeño- de las esquelas
publicadas en algunos diarios- se pone de evidencia la tacañería para comunicar
las condolencias a sus familiares.
Pero como bien dice el escritor inglés: ¡!Muerto el Rey, Viva
el Rey!!
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