Por
Miguel Angel Cristiani Glez.
Nuevamente
los atenienses xalapeños, volvimos a sufrir, una vez más, el desquiciamiento
del primer cuadro de la ciudad, porque a los trabajadores de la Secretaría de
Salud se les ocurrió bloquear toda la mañana y parte de la tarde, la calle de Enríquez
por problemas laborales, afectando a miles de ciudadanos, que se ven afectados
a su derecho de transitar libremente por las calles y avenidas del centro que
se ven trastornadas.
Dicen
los que saben de derecho, que éste comienza donde termina el de las mayorías,
es decir, que no se vale que unos pocos –sin importar cuales sean sus demandas
justas o no- alteren la vida de toda una ciudad para llamar la atención.
Como
que ya va siendo hora de que las autoridades que ahora sí cuentan con
suficientes y bien capacitados cuerpos de seguridad pública, pongan un alto a
todos esos grupos, que casi a diario, de todos los puntos de la geografía
veracruzana, vienen a protestar a la capital, en demanda de solución a un
problema.
Que
quede bien claro, no se trata de reprimir el derecho a manifestarse que tenemos
todos los mexicanos, sin importar cuál sea su causa, justificada o no.
Pero lo
que no se vale, es que un día sí y el otro también, aparezcan grupos
minoritarios de personas, que para llamar la atención de las autoridades de
palacioa de gobierno, cierren el tránsito de vehículos por la calle principal
de Xalapa, lo que de inmediato origina un caos que se extiende por todas las
avenidas de la ciudad, provocando un enorme caos.
Tan
sencillo como que no se permita cerrar el tránsito de vehículos, que constituye
un atentado contra el derecho de los habitantes de la capital para transitar
libremente.
Lo
mismo que van a gritar, lo pueden hacer desde arriba la explanada de la plaza
Lerdo, porque además en la mayoría de las ocasiones, son grupos minoritarios
que caben perfectamente arriba de la terraza, sin afectar a nadie.
Las
pancartas y cartulinas, se ven igual o hasta mejor desde arriba de la plaza,
sin afectar a quienes tienen la necesidad de circular por esa parte de la
ciudad.
Es más,
entre más vehículos pasen por el frente de su manifestación, más personas se
podrían enterar del motivo de su manifestación, generando una posible
comprensión y apoyo a su causa.
Pero cuando
se afecta a la ciudadanía en general, motivando que tenga que transitar por el
centro de la ciudad a vuelta de rueda, teniendo que desviar sus rutas, porque a
unos cuantos se les ocurre venir a protestar, entonces en lugar de simpatías,
se obtienen innumerables mentadas de progenitoras.
Las
autoridades encargadas de bajar a “atender y negociar” con los grupos
manifestantes, una de las primeras condiciones que deberían de conseguir, es
que los manifestantes lo hagan pero desde arriba de la explanada de la plaza
Lerdo, para poder empezar a tratar otros temas.
Hay que
recordar a don Benito Juárez, con su frase inmortal: el respeto al derecho
ajeno, es la paz.
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