martes, 28 de julio de 2015

Pobreza, mal de muchos consuelo de pocos


Por Miguel Angel Cristiani Glez.
El tema obligado a tratar en la Bitácora es el de los resultados de la incidencia de la pobreza en México, correspondientes al año 2014, dados a conocer por el Coneval que revela un aumento en el número de pobres, ya que tan solo entre los años 2012 y 2014 el ingreso real promedio en los hogares cayó 3.5 por ciento.
Se le pueden poner todos los calificativos que se quieran: dramático, irresponsables, retroceso, evidencia de corrupción, desvío de recursos con fines electorales y muchos más.
Pero los número son los que hablan y reflejan las carencias sociales en materia de educación, salud, vivienda, seguridad social, alimentación, empleo.
Estos son los datos frios: 46.2% de la población (55.3 millones de individuos) vive en condiciones de pobreza, casi 2 millones más que en el 2012; 9.5% de la población vive en condiciones de pobreza extrema (11.4 millones), una reducción de apenas 87,000 respecto de dos años antes.
Si vemos la información por entidad federativa, hay seis estados que destacan por la alta incidencia de pobreza (entre paréntesis, el primero corresponde al porcentaje en pobreza y el segundo a pobreza extrema): Chiapas (76.2, 31.8); Oaxaca (66.8, 28.3); Guerrero (65.2, 24.5); Puebla (64.5, 16.2); Veracruz (58.0, 17.2), y Michoacán (59.2, 14.0). ¡Dramático!
Hay otros datos reveladores: primero, mientras que 23.3% de la población tenía pobreza alimentaria en el 2012, para el 2014 aumentó a 23.4%, lo que representa un incremento absoluto de casi 600,000 individuos.
Segundo, únicamente 7.3% de la población total del país es no pobre y no vulnerable.
Tercero, el porcentaje de población con pobreza patrimonial fue en 1992 de 53.1%, cayó a 42.9% en el 2006 y repuntó a 53.2% en el 2014. Lo que nos deja en un país que no progresa.
La persistencia de altos índices de pobreza tiene su explicación en tres elementos:
El primero es el más que mediocre crecimiento económico durante las últimas tres décadas, con un PIB por habitante prácticamente estancado. El segundo, un arreglo institucional que, al fomentar la búsqueda y premiar la apropiación de rentas, además de inhibir el crecimiento, genera un proceso de desarrollo notoriamente inequitativo.
Tercero, programas gubernamentales de desarrollo social que están mal diseñados y mal focalizados, lo que deriva en una notoria ineficiencia e ineficacia del gasto público; cientos de miles de millones de pesos de gasto gubernamental que no son más que un enorme derroche de recursos y que, por lo mismo, necesitan ser rediseñados o inclusive eliminados.
No existen recetas mágicas, pero la evidencia histórica muestra que la única manera de lograr una reducción continua y permanente de la pobreza es a través de un alto y sostenido crecimiento económico.
Para lograrlo se requiere contar con un arreglo institucional que derive, precisamente, en mayores tasas de crecimiento, y eso es lo que no tenemos.
Mercados que no operan en competencia, una política fiscal que es puramente extractiva junto a un gasto público que prácticamente no contribuye al crecimiento, una altísima y creciente incidencia de corrupción, inseguridad jurídica en el cumplimiento de contratos, deterioro del capital social, alta incidencia de criminalidad, etcétera, son todos elementos que inhiben el crecimiento.
Opina el filósofo del pueblo, Pancho López que mientras no resolvamos estas deficiencias antes enunciadas, la economía seguirá teniendo un desempeño mediocre, la pobreza persistirá y México habrá fracasado en el proceso de desarrollo económico.
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