martes, 25 de marzo de 2014

Me enamoré de Prisciliana en la Cumbre Tajín


Por Miguel Angel Cristiani G.

Tengo que compartir con mis cuatro lectores, que en mi recién terminada visita a la Cumbre Tajín 2013, me enamoré de Prisciliana, una mujer auténtica totonaca, que es la esencia de toda una cultura, reflejo de una forma de vida y de una gran espiritualidad que le ha permitido llegar a cumplir 82 años en plenitud de salud y alegría por disfrutar y compartir cada día de su existencia.

Se trató de un amor a primera vista, cuando entré a la Casa de la Alfarería Tradicional Totonaca -la Pulhtáman- en donde las mujeres Totonacas están compartiendo los mismos métodos ancestrales de alfarería y muestran la manera en que se elaboran las ollas tradicionales y adornos diversos, me acerqué a pedirle permiso para tomarle una fotografía, ella levantó la cara y sonriendo me autorizó, sin dejar de trabajar en la olla de barro que estaba ya casi terminando.

Le pregunté que desde cuando había comenzado a hacer sus trabajos de alfarería, de los que ahora es una maestra, me respondió que a los 12 años su madre le había dicho que ya era hora de que empezara a amasar las figuras de barro, para que fuera aprendiendo.

La siguiente pregunta obligada era cuantos años tiene: me respondió que 82.

Le cuestioné si tenía alguna enfermedad o padecimiento y sonriendo me dijo que no, que lo único era un poco de gastritis por comer demasiado picante.

Lo cierto es que Prisciliana no se ve como una persona adulta de 82 años, es pequeña, de aproximadamente metro y sesenta centímetros de altura, su piel muestra algunas arrugas en su rostro, pero su sonrisa es amplia y franca, como las caritas sonrientes emblemáticas de la cultura totonaca.

Priscila en sí, es un emblema de la cultura totonaca, representa una forma de vida, de compartir sus conocimientos, pienso que ella debería de estar en la Casa de los Ancianos, los más sabios, que brindan guías espirituales.

En su actitud ante la vida, no refleja cansancio ni lentitud, por el contrario, irradia alegría, felicidad y el deseo de disfrutar y compartir sus experiencias.

Generalmente los hombres nos dejamos llevar por el atractivo físico que representa una joven y bella mujer, aunque se diga que eso no importa, que lo que nos gusta es su forma de ser y de actuar, posiblemente por eso, por su espiritualidad interior que irradia al estar cerca de ella, es que nosotros nos sentimos atraídos por esta noble mujer, digna representante de la cultura totonaca, para orgullo de Veracruz y de los veracruzanos.

Terminó la Cumbre Tajín 2014, pero no concluye nuestro aprendizaje de una de las culturas vivientes más asombrosas en nuestro país, la del pueblo totonaca.
Ya espero que llegue el 2015, para volver a ver a doña Prisciliana.


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