miércoles, 5 de marzo de 2014

La deuda de los veracruzanos…con Francisco Gabilondo Soler "Cri-Cri"




Por Miguel Angel Cristiani G.

Uno de los muchos veracruzanos con quienes nos encontramos en deuda –para no variar el término- es sin lugar a dudas Francisco Gabilondo Soler, mejor conocido como Cri-Cri el grillito cantor cuyas canciones y composiciones musicales, han motivado la imaginación de generaciones enteras de niños y niñas, no tan solo en estas tierras, sino de todo el país y hasta del extranjero.
Bien lo dice el filósofo popular, Pancho López, “que nadie es profeta en su propia tierra”. Y don Gabilondo Soler no es la excepción de la regla.

Porque como es conocido, Cri-Cri nació y vivió los primeros años de su infancia en Orizaba Veracruz, en donde se nutrió de las figuras y personajes que después tomarían vida y fama en las más de 200 canciones que nos legó y que trascienden la simple composición artística, para alcanzar todo un sistema lingüístico, metafórico, cultural y social, que hasta la fecha, pensamos que no ha sido debidamente reconocido.

Porque que nosotros sepamos, en su natal Orizaba, no tiene una avenida o una escuela pública que lleve su nombre, al menos.

Hay muchos jardines de niños, privados, que tienen el nombre de Cri-Cri en todo el país.

El talento, las imágenes y los contenidos de las canciones de Francisco Gabilondo Soler son reconocidos por todo México, pero las autoridades estatales y municipales en toda la entidad, no le han dado el crédito que merece uno de sus más ilustres compositores musicales, que contrario a otros como Agustín Lara –Tlacotalpeño aunque algunos no lo quieran aceptar- que le cantó a la mujer y al amor como ningún otro, Cri-Cri le cantó a la niñez y a su formación educativa.

Ahí les dejamos a los señoras y señoritas diputados locales en el Congreso de Veracruz, el nombre de Francisco Gabilondo Soler, cuando tengan este año que analizar las propuestas de quien debe de recibir –aunque sea después de muerto- el premio medalla Adolfo Ruiz Cortínes que se entrega a veracruzanos distinguidos.

Gabilondo Soler está a la altura de los compositores de la música clásica internacional, como las obras sinfónicas de Pedro y el Lobo, de Prokofiev, la Guia Orquestal para Jóvenes del inglés Benjamín Britten o el Carnaval de los Animales del francés Camile Saint-Sáens.

Es por ello que el pasado fin de semana, tuvimos la oportunidad de disfrutar el concierto semanal de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, bajo la dirección de Rubén Flores como invitado y de la Soprano, Patricia Amelia Ivison quienes ofrecieron un maravilloso concierto –en realidad es un cuento sinfónico- titulado Las Andanzas de Cri-Cri, con arreglos de Rubén Flores, en el que se narra de manera muy didáctica y amena parte de la vida del célebre compositor veracruzano durante su niñez en Aguas Aguas.

Andanzas de Cri Crí, un cuento sinfónico es un paseo por las canciones más representativas del orizabeño Francisco Gabilondo Soler, quien desde la década de los 30 del siglo pasado ha sido una de las figuras más importantes de la música popular infantil de nuestro país.       

Pianista autodidacta, aficionado a la astronomía y a las historias de Hans Christian Andersen, Emilio Salgari y Julio Verne e incluso marinero, torero, boxeador, observador de estrellas y más allá del infinito, guasón de toda la vida, Gabilondo Soler nació en Orizaba el 6 de octubre de 1907 y vivió en esa ciudad hasta 1928.

Luego de probar varios oficios y ocupaciones en la Ciudad de México, en 1932 participó en un programa de radio donde se ganó el mote de El guasón del teclado. Para 1934 inició un programa de 15 minutos en la mítica estación XEW, dedicado a música infantil en el que presentaba canciones de su autoría.

Poco tiempo después adoptó el nombre artístico de Cri Crí, el grillito cantor, que fuera el personaje de una de sus primeras composiciones infantiles y con el que sería conocido hasta su muerte.  

El programa se mantuvo al aire durante 27 años, siendo su última emisión el 30 de julio de 1961.

De acuerdo con el musicólogo Juan Arturo Brenan, diversos críticos “han tratado de encontrar el lugar que ocupa Gabilondo Soler en la historia de la música mexicana, comparándolo con los grandes ídolos de la canción vernácula (craso error, sin duda), o con los más importantes compositores de música de concierto (error aún más grande).
En medio de estos desorientados intentos de descalificar a Gabilondo Soler se encuentra, probablemente, una dosis significativa de envidia, por una parte, y por la otra, un desprecio excluyente por todo aquello que los autodenominados ‘cultos’ no consideran música ‘culta’.
 Por fortuna, el paso del tiempo y, literalmente, el clamor popular, han colocado a Francisco Gabilondo Soler en el lugar que le corresponde, un lugar que por cierto está en la cúspide misma de su oficio: la creación de inolvidables canciones para niños”.

Autor de un total de 216 composiciones, de todos los ritmos y estilos posibles –tango, fox trot, polka, entre muchos otros– pero siempre con temática y letras enfocadas al público infantil.
Quien no siente nostalgia al escuchar El chorrito, Ché araña, La muñeca fea, El ratón vaquero, La patita, Marcha de las letras, Marcha de las canicas, Bombón I, La negrita cucurumbé, Tango medroso, Caminito de la escuela, Di por qué, Métete Teté, El ropavejero, El comal y la olla, Vals del trompo, Negrito Sandía, entre muchas otras.
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